LA DIABLADA NO SON SOLO DIABLOS

No puedo arrancar este foto reportaje sin antes presentarles a Edgar Patricio Carrera Arboleda, conocido por casi todo Píllaro como “Don Pato Carrera”, quien es el cabecilla de la “diablada” de la parroquia de Marcos Espinel, ubicada en el cantón Píllaro a 2.950 metros sobre el nivel del mar.

La partida de Marcos Espinel es la más numerosa del cantón y tiene una trascendencia de más de 80 años, antes de que el abuelo de Don Pato falleciera, este le deja el gran legado de mantener la tradición cultural, siendo ya 20 años que este gran personaje está a cargo de ser el cabecilla de esta partida, cuyas funciones empiezan desde febrero del año anterior, contratando la banda de músicos, ya que durante las fechas de la Diablada Pillareña los precios se elevan demasiado. La banda elegida nuevamente para el 2018 fue La Docencia del Sabor, que me explicó que esta elección responde a que es una banda conformada por una fuerza juvenil, con una nueva forma de prender la fiesta pero siempre con las canciones tradicionales.

En mi caso personal, recuerdo que venía a la Diablada desde hace ya casi 10 años, de los cuales, los últimos venia contratado por empresas públicas para documentar esta festividad, sin embargo este año decidí venir por cuenta propia para poder presentarles este foto reportaje, que comienza desde el momento en el que las Parejas de Línea empiezan a prepararse en una sala de billar del centro de la parroquia, que durante la partida funciona como un camerino en el cual muchos personajes cobran vida.

En este lugar con paredes que denotan tener ya varias décadas se siente y se huele la historia, las hábiles manos de las personas mayores ayudan a los jóvenes a colocarse los pañuelos, guantes, camisas y camisones antes de salir a la calle y luego a la cancha de uso múltiple del centro de Marcos Espinel donde La Docencia del Sabor ayuda a quienes van llegando a entrar en calor para emprender la bajada hacia el centro de la ciudad de Píllaro donde más de 500 personajes se tomarán sus calles.

Las “Parejas de Línea” son los personajes menos conocidos de la Diablada Pillareña, y representan a los grupos de élite económica que hace varias décadas solían bailar en las grandes haciendas, y que alrededor de ellos bailaban sus empleados, representados por los demás personajes, como los diablos, guarichas y capariches.

Don Pato me comenta que en el caso de Marcos Espinel, la selección de estas parejas comienza alrededor de 4 meses antes de la Diablada, y son hombres y mujeres que deben conocer los pasos de baile del San Juanito, Tonada, Saltashpa y Pasacalle, para este año consiguieron 18 parejas, que según nos comenta, es un número muy bajo para la cantidad de jóvenes que tiene la parroquia y prefieren vestirse de guarichas o diablos.

Los días de la Diablada Pillareña son del 1 al 6 de enero de cada año, pero cada partida sale solo 2 días que son sorteados en reuniones previas con los cabecillas de las demás parroquias, en el caso de Marcos Espinel, el 2018 saldrá el 1 y el 3 de enero.

Hoy la Diablada es un permanente contraste entre lo tradicional y lo contemporáneo, es una lucha constante de los adultos mayores por motivar a los jóvenes a continuar con una tradición ancestral. Hay cosas que solo se pueden ver en las partidas, como por ejemplo, ver a los padres ayudando a ponerse los trajes a sus hijos.

El centro de Marcos Espinel se vuelve un punto de encuentro comunitario, en el cual convergen personajes de distintos lugares y formas de pensar, que durante un día al son de una banda bailarán para mostrarle al mundo que unidos se puede hacer cosas grandes, que la rebeldía de los diablos será eterna y que cada generación será responsable de mantenerla viva. 

Una vez que todas las parejas de línea estén listas, y la banda haya tocado varias veces para calentar a los demás personajes, la partida emprenderá una caminata de alrededor de unos 5 kilómetros bajo un clima frío y lluvioso hasta el centro de Píllaro.

Durante el camino de bajada, se unirán vecinos de varios barrios que son parte de la parroquia Marcos Espinel, incluso gente de otras parroquias quienes disfrutan de bailar junto a la banda en una oportunidad que solo se da una vez cada año.

En el camino se pueden apreciar las pintorescas casas al estilo antiguo, con paisajes de encanto que solo se pueden ver en la provincia de Tungurahua, la banda alerta a los demás vecinos para que alisten sus caretas y empiecen a salir de sus hogares y se unan a la partida más grande del cantón.

Mientras bajamos se escucha en una vía paralela a la partida de Rocafuerte, y según la tradición, hay que acelerar el paso para llegar primero al centro de Píllaro, las personas empiezan a correr, la banda deja de tocar para caminar más rápido, y así se logra ganarle a la otra partida.

El entorno empieza a cambiar, los terrenos de sembrío se cambian por el cemento de calles y avenidas, los contrastes culturales se sienten más presentes, la gente que vive en la ciudad, que muchas veces no ha tenido la oportunidad de ser parte de el inicio de esta tradición se une a bailar con trajes y mascaras de diablo cada vez más adornadas, incluso llegando a parecerse más a un disfraz de “Halloween” que a los de la tradicional Diablada Pillareña, sin embargo, al momento de danzar, todos lo hacen en conjunto, como si se tratase de un batallón de diablos y guarichas que escoltan a las Parejas de Línea a través de las angostas calles de la ciudad nueva de Santiago de Píllaro.

Desde la entrada a la ciudad es donde la labor del cabecilla “Don Pato” empieza a cobrar más fuerza y notoriedad, lograr organizar a un grupo de más de 400 personas, todas cargadas de la euforia que significa bailar en la Diablada Pillareña, no es una tarea fácil, el es el encargado de hacer que la banda toque y pare de tocar cuando el momento lo amerita, tiene que estar pendiente de que las Parejas de Línea permanezcan escoltadas por una bulliciosa banda de guarichas a cada lado e incluso controlar a los diablos, que pasados de tragos, pueden ocasionar que la partida se demore, entre otras cosas, que solo se ven, al haber tenido la oportunidad de estar dentro del ojo del huracán llamado “Partida de Marcos Espinel”.

Estar dentro de la partida de Marcos Espinel, considerada por muchos la más numerosa de la Diablada Pillareña es algo que no se puede describir con palabras, en mi caso personal lo hago con imágenes, sin embargo, tratando de definirla, diría que es una constante descarga de energía ancestral impulsada por la banda musical, no quieres que la música pare, quieres bailar, saltar, gritar, es un frenesí constante de pasión por nuestras raíces. 

Luego de que cada partida da la tradicional vuelta al Parque Central de Píllaro, se dirigen a sus respectivos “descansos”, que se encuentran cerca del centro de la ciudad y que en el caso específico de Marcos Espinel, lo que menos se hace es descansar, excepto contadas excepciones, más allá de un descanso, es un lugar donde se retoman energías, los músicos se alimentan antes de seguir tocando, el descanso es ese lugar donde se comparte la fiesta con propios y extraños, donde todos bailan sin mascara, donde no se diferencia si eres de Píllaro o de fuera, donde todos son bienvenidos a probar un poquito de esta tradición ancestral antes de que la partida regrese bailando junto a la banda a su parroquia de origen, lugar en el cual efectivamente descansarán un día, para luego volver a tener la misma jornada una vez más y finalmente tener que esperar un año para que cientos de personajes ancestrales se vuelvan a tomar las calles de Píllaro. 

Agradecimientos especiales a don Pato Carrera y a cada integrante de la partida de Marcos Espinel por haberme dejado ser parte de esta gran manifestación de cultura.

Así como también a la Docencia del Sabor, por mostrar gran actitud y fuerza para la realización de estas fotografías.

Queda prohibida la reproducción total o parcial de las fotografías aquí mostradas.

Todos los Derechos Reservados Gabriel Díaz 2018.